
Una trágica noticia sacudió al deporte al conocerse que el esquiador suizo Ueli Kestenholz, medallista de bronce en los Juegos Olímpicos de Nagano, Japón, en 1998, falleció a los 50 años tras ser arrastrado por una avalancha en el cantón del Valais, en Suiza. Este accidente, ocurrido el pasado domingo 11 de enero en la valle de Lötschental, generó conmoción a la comunidad, ya que se trata de la muerte de una gran figuras de la actividad extrema por sus logros en competencias internacionales y su posterior dedicación a la aventura en la alta montaña.
Según informó la policía del Valais, la avalancha se desencadenó cuando Kestenholz practicaba esquí junto a otra persona, a unos 2.400 metros de altitud. Luego del accidente, el deportista fue trasladado en helicóptero primero al hospital de Visp y posteriormente al de Sion, donde finalmente falleció. De acuerdo a las informaciones del medio suizo Blick, el deportista fue rescatado en un primer momento por sus amigos, que dieron aviso a los equipos de rescate. Participaron tres helicópteros del operativo.
Kestenholz, nacido en el cantón de Berna, no limitó su carrera al histórico podio olímpico de 1998. El suizo también compitió en los Juegos Olímpicos de Salt Lake City, en 2002, en la misma modalidad de slalom gigante, y en Turín 2006, participando de la introducción del snowboard cross en el calendario olímpico. A nivel mundial, fue dos veces campeón del mundo, títulos que consiguió en los años 2000 y 2001, y se alzó con dos medallas de oro en los Winter X-Games en boardercross, en 2003 y 2004. Además, subió en cinco ocasiones al podio de la Copa del Mundo.

Tras dejar la competencia profesional en 2006, Kestenholz, padre de dos hijos de 17 y 9 años, enfocó sus energías en actividades al aire libre y deportes extremos, entre ellos el freeride, el paracaidismo y el kitesurf. Uno de sus hitos tras la retirada fue, en mayo de 2009, la primera bajada registrada en speed riding desde el Monte Cervino, ubicado en los Alpes.
Por su parte, el presidente de la federación de esquí suiza, Peter Barandun, sintetizó el dolor generalizado tras el trágico accidente en un comunicado oficial: “Expresamos nuestras más sinceras condolencias a la familia y seres queridos de Ueli”. El impacto de su muerte no solo se sintió en las pistas de nieve, sino también entre quienes admiraron su incansable búsqueda de nuevos desafíos en la naturaleza.
Kestenholz inició su carrera deportiva en el esquí, integrando un club local de Thun, hasta que a los 14 años descubrió el snowboard. Desde entonces, desarrolló una versatilidad notable que lo convirtió en un verdadero atleta multidisciplinar. Al describir sus inicios, explicó en entrevista con Tamedia: “Practicaba skate y windsurf, pero solo esquiaba en invierno y en dos tablas. El snowboard me ofrecía la oportunidad de experimentar mi sensación favorita, deslizarme lateralmente, incluso en invierno”.
En 1998, la vida de Ueli Kestenholz cambió radicalmente durante los Juegos Olímpicos de Invierno de Nagano, cuando experimentó la eclosión del snowboard como deporte olímpico. Tenía 22 años cuando obtuvo la medalla de bronce para Suiza en el eslalon gigante paralelo, la primera prueba de snowboard de la historia. 20 años después, su logro se mantiene como un hito para el país y la disciplina.
Participó en dos ediciones olímpicas más: en Salt Lake City 2002 y en Turín 2006, donde se destacó como pionero en el debut olímpico del snowboard cross. Su carrera en las competencias internacionales consolidó su posición entre los grandes del snowboard, pero su espíritu fue mucho más allá del podio.

Tras retirarse de la alta competición en 2006, Ueli Kestenholz mantuvo su vínculo con el deporte, explorando distintas disciplinas al aire libre. Practicó freeride, speedriding, parapente, kitesurf, paracaidismo, surf, wingfoil y ciclismo de montaña, mostrando una disposición constante a desafiar los límites del cuerpo y la naturaleza.
Bajo el lema “La vida es demasiado corta para un solo deporte”, que encabeza su página oficial, Kestenholz resumió una filosofía vital orientada a la diversidad y el goce pleno de la aventura. Dejó una huella indeleble en la historia de los deportes de nieve de Suiza y un legado de inspiración para varias generaciones.



