Durante esta semana se está disputando el ATP Challenger edición Tenis Club Argentino organizado por la Asociación Argentina de Tenis, con la novedad del regreso al circuito profesional de Renzo Olivo, quien había puesto una pausa en su carrera hace seis meses. “Están las ganas de competir, pero el día a día se me hace difícil”, remarcó el rosarino.
A los 33 años, y luego de medio año sin competir oficialmente, Olivo volvió a pisar una cancha en un torneo profesional. Su última presentación había sido en el Challenger de Lima, donde se despidió en el debut, y desde entonces había optado por frenar para escuchar a su cuerpo y a su cabeza. El retorno, sin embargo, fue breve: un espasmo lumbar lo obligó a retirarse cuando perdía ante el brasileño Pedro Sakamoto por 6-4 y 1-0.
Al cierre del encuentro y en un clima más distendido, Olivo dialogó en uno de los pasillos del mítico club de Palermo con Guillermina Naya, ex jugadora argentina, para el canal de YouTube de la AAT. El rosarino contó los motivos de su regreso y posterior retiro: “El problema fue un espasmo lumbar que ya había tenido una semana antes. Me había recuperado bien, pero hoy no aguantó. Cuando uno vuelve a jugar partidos se da cuenta de lo que exige físicamente este deporte. Pequé de pensar que estaba listo y la intensidad del partido no me lo permitió. Igual es normal después de tanto tiempo sin competir”.
La pausa que Olivo había hecho pública en julio de 2025 nunca tuvo una fecha de vencimiento clara. En aquel momento, el ex número 78 del mundo, hoy ubicado en el puesto 511 del ranking ATP, dejó abierta la puerta a un regreso, aunque sin certezas ni un plan definido.

Consultado sobre qué lo impulsó a volver a competir esta semana, el rosarino fue contundente: la cercanía resultó determinante: “Tenía muchas ganas de jugar porque era en casa, acá en Buenos Aires, e intentar preparar algún partido para Rosario, ya que hacía muchos meses que estaba inactivo. Si hubiese tenido que viajar, no lo habría hecho; hoy mi principal problema es justamente viajar”, explicó. “Justo se cumplían los seis meses de inactividad con el ranking protegido y me pareció una buena oportunidad. Si bien era pronto para lo que venía entrenando, la idea era jugar uno o dos partidos y empezar a agarrar ritmo”.
El deseo de competir sigue intacto, pero no así la disposición para afrontar todo lo que implica la vida del tenista profesional. Olivo lo dice con total franqueza, con una honestidad poco habitual en un circuito que muchas veces romantiza el esfuerzo.
“Obviamente tengo ganas de competir, pero el día a día se me hace difícil. Saber que tengo que entrenar muy fuerte todos los días hoy me cuesta mucho, y también el tema de los viajes”, confesó. “Tengo ganas de jugar, pero no de todo lo que requiere el esfuerzo. Mentalmente hoy no estoy dispuesto a negociarlo”.
En una publicación que sacudió al ambiente del tenis argentino, el rosarino había escrito una frase que resumía su sentir: “Me enamoré del tenis, no de la vida del tenis”. Lejos de retractarse, la ratifica.
“Exacto”, respondió, cuando se le recordó esa definición. Y luego profundizó: “Quizás para un chico no sea el mejor mensaje, pero también está bueno saber con qué se va a encontrar. Yo jugaba al tenis porque me gustaba y venía de una familia cero tenis. No sabía lo que implicaba esta vida ni que se viajaba tanto. Era un apasionado del tenis y, cuando empecé a viajar, me encontré con algo que no había elegido del todo. El trajín es duro”.
Ese desgaste se acentúa en alguien con un fuerte vínculo con sus raíces: “Soy muy familiero, me encanta estar en casa y lo padecí toda mi vida”, contó. “A los 12 años me fui solo a Francia por cuatro años y fue durísimo. Desarraigarme a esa edad me costó mucho. Después siempre sentí la necesidad de recuperar ese tiempo que no tuve de chico”.

La pausa reciente le permitió experimentar algo que casi no había tenido en más de dos décadas como profesional: “Estos meses más estable era algo que estaba buscando”, explicó. “El estrés de viajar, entrenar y organizar todo nunca lo había dejado de vivir. Fueron cinco meses sin estrés y ahora, al volver a jugar, sentí otra vez esa presión y me pregunté si quiero volver a eso”.
Más allá del presente incierto, su carrera tiene momentos imborrables. En 2016 disputó la primera serie de Copa Davis ante Polonia, en el inicio del camino que culminaría con la histórica consagración argentina frente a Croacia. Diez años después, ese recuerdo sigue ocupando un lugar central.
“Fue uno de los momentos más importantes de mi carrera”, afirmó. “En su momento quizás no lo disfrutás tanto, pero con el tiempo mirás para atrás y le das el valor que en el día a día cuesta”.
Para Olivo, no hay dudas: “Fue el mejor momento de mi carrera. Cuando me llamaron para la Copa Davis dije que sí sin pensarlo. Como argentino es algo sumamente especial. Creo que es el logro máximo para alguien tan pasional con el país”.
Con tres títulos Challenger en su carrera profesional, Santos y Buenos Aires en 2016, San Benedetto en 2019, y su última consagración en el M15 de Orlando en mayo de 2025, Olivo sigue evaluando qué lugar quiere que el tenis ocupe en su vida. Como escribió en su carta de despedida provisoria, hoy transita un tiempo de reflexión. El futuro, por ahora, permanece abierto.



