El recorrido inesperado del Rally Dakar tras abandonar África y los factores que determinaron su desembarco en Sudamérica

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El Dakar fue concebido como una travesía extrema entre Europa y África, abierta a pilotos sin títulos deportivos, bajo el lema de desafío y sueño (REUTERS/Stephane Mahe)

El Rally Dakar nació del espíritu aventurero y la determinación de un solo hombre. En 1977, Thierry Sabine se perdió en el desierto de Libia durante la prueba Abidjan-Niza. Atrapado durante varios días entre las dunas, fue rescatado, pero quedó marcado por la experiencia y fascinado por los paisajes africanos. De regreso en Francia, el piloto decidió transformar esa odisea personal en una competición internacional fuera de lo común.

La idea tomó forma rápidamente: una travesía que partiría de Europa, llegaría a Argel y, tras cruzar el corazón del continente africano, finalizaría en Dakar, la capital de Senegal. Bajo el lema “Un desafío para aquellos que parten. Un sueño para quienes se quedan”, Sabine concibió una carrera abierta, incluso para quienes no tenían títulos deportivos, con un mensaje de apertura y descubrimiento mutuo.

La exigencia extrema del Dakar combina navegación, trabajo en equipo y fortaleza mental a lo largo de miles de kilómetros (REUTERS/Stephane Mahe)

De este modo, el 26 de diciembre de 1978 se celebró la primera edición, la cual reunió a 182 vehículos en la plaza del Trocadero, en París. Los pilotos debían enfrentar un recorrido de 10.000 kilómetros sobre terreno desconocido rumbo a Senegal, en el extremo oeste de África. La llegada marcaría el anhelado encuentro entre dos mundos: Europa y África. Entre los 74 pioneros que lograron completar la travesía, Cyril Neveu fue el primero en conquistar el palmarés a bordo de una Yamaha 500 XT.

Desde sus inicios, el Dakar se cimentó como una prueba de resistencia y aventura sin igual. El espíritu de la competencia radica en desafiar a pilotos y vehículos ante condiciones extremas, enfrentando largas etapas por paisajes inhóspitos, clima implacable y rutas impredecibles. El rally no solo exige velocidad, sino también navegación, trabajo en equipo y una fortaleza mental.

Una situación crítica que obligó a suspender una edición

Étienne Lavigne en Sudamérica años después de la cancelación del trazado que unía Europa con África

El 5 de enero de 2008 todos los competidores se preparaban para la largada de la primera etapa, la cual unía Lisboa con Portimao. Sin embargo, una crisis sociopolítica en Mauritania obligó a repensar rutas y evaluar la seguridad del trayecto, sumado a la amenaza de Al-Qaeda, en el Magreb. Bernard Kouchner, ministro de Asuntos Exteriores de Francia, aconsejó suspender la competición por la seguridad de los pilotos franceses, ya que el país africano mantenía una relación tensa con sus pares europeos.

Finalmente, la primera etapa nunca largó y el rally fue suspendido definitivamente. El detonante fue el asesinato de cuatro turistas franceses en Mauritania el 24 de diciembre de 2007, un hecho que elevó la preocupación por la seguridad tanto de los participantes como de quienes acompañaban la carrera. Ante este escenario, el gobierno francés y la Amaury Sport Organisation (ASO), entidad encargada de la carrera, tomaron la decisión. La ruta original incluía 8 de las 15 etapas en territorio mauritano.

El Rally Dakar se convirtió en la prueba de resistencia más demandante (REUTERS/Hamad I Mohammed)

La ASO, en un comunicado oficial, aseguró que la protección tanto de los fanáticos como de los competidores era una “responsabilidad primordial”. “La seguridad no es, no ha sido y nunca será un tema de debate al interior del Rally Dakar”, enfatizó la organización. No obstante, la cancelación fue más allá y la tradicional prueba de resistencia abandonaba África para mudarse a Sudamérica, más precisamente a la Argentina y Chile.

El arribo a Sudamérica: Argentina y Chile

La suspensión obligó a las autoridades deportivas a tomar una fuerte decisión con respecto al trazado que culminaba en Dakar, ciudad que le dio el nombre al rally. En febrero de 2008, apenas un mes después de suspender la largada, Étienne Lavigne anunció un cambio histórico: la siguiente carrera se celebraría en Sudamérica, alejado de las tradicionales arenas africanas que fueron el origen. Fue importante la consideración de la ASO con respecto a la seguridad y las constantes amenazas en Mauritania.

El Dakar, durante su estadía en Sudamérica, atravesó Argentina, Chile, Perú, Bolivia y Paraguay (REUTERS/Ricardo Moraes)

Argentina y Chile fueron los primeros países en acoger la carrera en 2009. La largada y llegada se realizaron en Buenos Aires, con un recorrido de más de 9.500 kilómetros a lo largo de 15 etapas. El continente sudamericano vivió entonces un fenómeno social y deportivo: miles de personas acompañaron a los pilotos en rutas y desiertos, transformando el evento en una verdadera fiesta popular.

La primera ruta partió de Capital Federal y se extendió hasta el sur en Puerto Madryn atravesando la llanura pampeana por Santa Rosa. Luego comenzaba el ascenso hacia Mendoza para cruzar hacia Valparaiso, en Chile. El camino continuaba hacia La Serena y tocaba el extremo norte en Copiapó, en un giro que cruzaba las dunas y el árido desierto de Atacama. Una vez allí, los participantes emprendían el regreso por Catamarca, La Rioja, Córdoba y Buenos Aires para dar por finalizada la primera edición.

El Rally Dakar en tierras bolivianas (EFE/Martin Alipaz)

Los primeros ganadores fueron: en coches, el sudafricano Giniel De Villiers y el alemán Dirk Von Zitzewitz (Volkswagen); en cuatriciclos el checo Josef Machacek (Yamaha); en camiones los rusos Firdaus Kabirov, Aydar Belyaev y Andrey Mokeev (Kamaz) y en motos el español Marc Coma (KTM).

El piloto español, Lucas Cruz, pilotando por Chilecito, en San Juan (REUTERS/Andres Stapff)

Con el correr del tiempo, el trazado se fue ampliando y también incluyó etapas por Perú, Bolivia y Paraguay, generando un entusiasmo local y apoyo logístico que permitieron que la competencia mantuviera su esencia aventurera. A partir de esta mudanza, la organización destacó el lema “Un símbolo, y nada puede destruir los símbolos”. Sin embargo, en 2018 se celebró la última edición en tierras argentinas y en 2019 abandonó Sudamérica definitivamente tras la prueba que solo incluyó a Perú.

Nuevos horizontes en Arabia Saudita

En abril, a menos de un año de la siguiente edición, la Amaury Sport Organisation (ASO) anunció una nueva mudanza: medio oriente. La decisión respondió a la necesidad de mantener el atractivo y la exigencia del Dakar, así como de asegurar condiciones de seguridad y logística adecuadas para el evento. Sudamérica, que había albergado la prueba desde 2009, resultó ser un escenario exitoso tanto por su geografía como por la pasión de sus seguidores, pero la organización reveló que buscaba nuevos horizontes para renovar la experiencia.

Desde 2020, el Dakar se realiza en los desiertos de Arabia Saudita (REUTERS/Maxim Shemetov)

Desde 2020, de manera ininterrumpida, la carrera se disputa en el desierto de árabe, con trazados que se acercan a los 8.000 kilómetros. Actualmente, se disputa la séptima edición en la tierra saudí, pero la edición de 2027 podría cambiar, nuevamente, de rumbo.

La posible salida del Rally Dakar de Arabia Saudita obedece principalmente al agotamiento de las alternativas de recorrido dentro del país, según reconocen tanto la ASO como los propios competidores. Si bien el país asiático ofrece grandes extensiones desérticas y ha invertido cerca de USD 75 millones para asegurar la competencia, la organización percibe que resulta cada vez más difícil innovar en los trazados y mantener el atractivo deportivo.

El futuro del Dakar podría girar hacia Asia, con China como candidato gracias a sus vastos desiertos y el interés de equipos locales (REUTERS/Hamad I Mohammed)

El director David Castera indica que el futuro del Dakar no depende de deseos personales, sino de la viabilidad geográfica y climática. La opción de regresar a África está prácticamente descartada por la inestabilidad política en el norte del continente. En tanto, China surge como el candidato más fuerte para albergar próximas ediciones, gracias al interés de empresas y equipos locales, así como a la disponibilidad de grandes desiertos como el Taklamakán. Sin embargo, trasladar la prueba a Asia implicaría ajustar el calendario debido al rigor del invierno en enero, lo que representa un reto logístico adicional.

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