Augusto Batalla abre la conversación con una declaración que atraviesa todo el relato: “En mí, en mi persona, estaba totalmente deprimido, no tenía ganas de salir, no tenía ganas de ir a entrenar, no tenía ganas de relacionarme con nadie”. El arquero argentino puso en palabras una experiencia que, durante años, lo acompañó en silencio. En una entrevista íntima con El Chiringuito, el futbolista surgido de River Plate repasó su historia y contó cómo pudo salir adelante y disfrutar su gran presente en Rayo Vallecano.
Desde el inicio de su carrera profesional, Batalla convivió con objetivos autoimpuestos y expectativas que, según reconoce, no pudo cumplir en su totalidad. “Cuando era pequeño me vino a buscar el Madrid. Decidí quedarme en River porque estaba pronto para debutar. Soñaba con una etapa espectacular y poder crecer. Creo que era mi objetivo. Logré debutar, logré salir campeón, pero no logré sostenerme en el primer nivel como es River, y tuve que reconvertirme, pasar muchos años de ir sumando en distintos lados. Y yo creo que por eso digo que fracasé, porque eran mis propios objetivos y no los pude cumplir”.
El impacto emocional de no alcanzar aquellas metas se reflejó en su vida cotidiana y en su desempeño profesional. El propio futbolista describe: “Al ser joven no tenía tanta noción de lo que era estar en ese arco. Entonces por ahí lo viví de una manera demasiado pasajera en un principio y me encontré con errores deportivos que me fueron mermando en lo personal. Y bueno, por eso tuve que reconvertirme, porque uno cuando es joven y no sabe administrar sus propias emociones, acciona y reacciona de mala manera. Me pasaba dentro del campo, me pasaba fuera del campo”.
La presión externa tampoco tardó en aparecer. “Obviamente River es lo más grande de América. En Sudamérica creo que socioculturalmente se está viviendo una degradación general, un periodismo amarillista total, en donde se canaliza mucho las frustraciones del día a día con el fútbol, con el deporte. No concuerdo, no comparto, pero se vio así. El sistema es así. Yo lo sufría en lo personal porque era mi objetivo y era lo que deseaba, y también me lo hacían sufrir públicamente, porque esos clubes no te esperan. Estas maquinarias, el sistema, solo espera de los jugadores que están en este club rendimiento”.
En el plano familiar, Batalla narra el efecto del proceso en su círculo más íntimo. “Mi familia trataba de sostenerme. Obviamente que al principio yo me aislé un poco, no quería estar con nadie, no quería escuchar a nadie y eso te genera todavía más encierro, cosas que, cuando uno es grande, se empieza a dar cuenta que no son correctas, que no está bien aislarse, que siempre está bien pedir una mano, una ayuda. Mis padres siempre estuvieron, mis amigos siempre estuvieron, pero uno va encerrándose, va formando un caparazón que piensa que lo va a defender y es todo lo contrario”.
El camino de salida, según el propio arquero, implicó romper ese caparazón. “Rompiéndolo. Es un trabajo muy duro en donde tenés que preguntar, preguntarte muchísimas cosas, trabajar con tu cabeza, ir a tus traumas, ir a los momentos que duelen y a partir de ahí intentar crecer, que eso no te asegura el éxito, no te asegura levantarte, pero sí te da una energía muy grande estar en paz con vos mismo, estar en equilibrio y eso hace que tengas ganas de trabajar, tengas ganas de ir a entrenar, tengas ganas de hacer doble turno, tengas ganas de cuidarte. Empieza ahí a florecer un círculo virtuoso en vez de vicioso, que muchas veces pasa que cuando estás mal, siempre nos refugiamos en cosas malas”.
El propio Batalla se detiene en la descripción de los efectos de la depresión: “Sí, en mí, en mi persona estaba totalmente deprimido, no tenía ganas de salir, no tenía ganas de ir a entrenar, no tenía ganas de relacionarme con nadie. Empezás a hacerte un caparazón, un caparazón que en un momento te encontrás totalmente solo y tenés que romperlo. Pero romperlo no es fácil, hay gente que no puede. Muchas veces cuando alguien nos dice que está deprimido y alguien que no lo vivió, no lo entiende. No entendés, ¿cómo? ¿Cómo no tenés ganas? ¿Cómo no querés salir? ¿Cómo querés…? Todas estas cosas, la gente que la pasamos, lo entendemos de manera muy natural y tratamos de ayudar solamente desde el acompañamiento”.

La búsqueda de ayuda profesional fue central en su proceso: “Fui al psicólogo, sigo yendo al psicólogo. Y mi psicólogo fue la persona que realmente me pudo sacar de ahí. No salí solo. Salí con un kinesiólogo, con un preparador físico muy amigo mío, que me ayudaron, con ayuda de un entrenador arquero, con ayuda de mi psicólogo por sobre todas las cosas. Con el acompañamiento de mi pareja. No se sale solo, solo no se sale. Eso creo que es la única verdad que puedo decir de todo esto, después cada uno lo vive a su manera”.
El arquero rechaza la idea de que ir al psicólogo sea un signo de debilidad, una idea que lamentablemente está instalada en algunos ambientes: “Cada uno lo vive como puede y a su manera y está bien. Mi experiencia fue fundamental, fue la persona que más me ayudó en mi vida a nivel psicológico. Y después hay que tener también muchos cojones, como se dice acá, para salir, porque cuando empezás a rascar, duele, duele. Y lastimás, lastimás, lastimás y, pero ahí es donde encontrás tu verdad”.
Sobre el círculo vicioso de la depresión, Batalla detalla: “Uno empieza a hacerse mucho más ermitaño, mucho más cerrado. Después, me costaba mucho dormir, entonces empezás a recurrir… porque tenés que dormir, sos deportista, si no dormís, no funcionás. Empezás a recurrir a tomar alguna pastilla relajante para dormir, tuve una época donde por ahí tenía veinte años y me tenía que tomar dos vasos de vino para irme a dormir. No es normal que un chico de veinte años pase por esas cosas. Entonces, empezás a hacer cosas mal que al otro día te van pesando, te van pesando. Dormiste mal, descansaste mal, no tenés ganas. Es como una rosca, una rueda que es difícil de parar. Y esas son las pequeñas cosas malas que van deteriorando tu rendimiento deportivo, tu fase como persona, como amigo, como hermano, como hijo. Está bueno siempre lanzar una cuerda y tratar de agarrarla”.
El momento clave para buscar ayuda profesional llegó en un período de soledad en Chile, después de haber sido arquero titular de River Plate: “Hay un momento clave de mi vida, que es cuando yo me voy a préstamo, me voy de una sesión a Chile y me encuentro que hacía un año era el arquero de River, una de las máximas promesas, proyectos del club. Y un año después estaba en un club en Chile solo, un club que estaba en nacimiento, un club super pequeño y me encuentro solo ahí y digo: ‘¿Qué pasó desde la cima de la montaña hasta donde llegué? ¿Qué fue lo que pasó?’ Empezás a recapitular, empezás a ver un montón de cosas y ahí es cuando dije: ‘No, esto hay que cambiarlo’. No es lo que quiero yo para mi vida, sacando lo deportivo. Y ahí fue cuando dije: ‘Bueno, vamos a buscar ayuda profesional’, que yo también era lo que pensaba que ir al psicólogo era de loco. Y dije: ‘No, yo necesito una ayuda profesional porque solo no puedo salir’. Llamé a un psicólogo, llamé a un preparador físico, un kinesiólogo muy amigo mío. Empezamos a trabajar duro, doble turno todos los días, absolutamente. Iba al psicólogo dos veces por semana. Y bueno, ahí empecé a construir y después te empezás a sentir bien con vos mismo y empiezan a darse cosas que no siempre se dan. No hay una receta, no es que hacés esto, esto, esto y lo otro y salís”.
“Después de muchos años, creo que deportivamente me he levantado, personalmente he crecido un montón y ese camino estoy feliz de haberlo transitado”, concluyó Batalla.



