Cómo juega la presión en los deportistas olímpicos y qué estrategias emplean para enfrentarlas

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La presión psicológica en los Juegos Olímpicos puede definir el destino de los atletas tanto como la preparación física (Europa Press)

Los Juegos Olímpicos, evento deportivo mundial que entretiene a todo el mundo, son también una bomba psicológica para los atletas. La presión a la que se someten los protagonistas de élite puede ser tanto determinante como la preparación física, la técnica e incluso el talento de cada uno. Incluso, en muchas ocasiones, disciplinas se han decidido por cuestiones arraigadas al ámbito mental y su preparación.

Ejemplos recientes lo demuestran: Ilia Malinin, patinador artístico apodado el “Dios de los Cuádruples”, sufrió una serie de caídas que lo relegaron del primer al octavo puesto en patinaje artístico, pese a sus logros previos y su dominio absoluto en otras competiciones. En palabras del propio deportista, el peso de los recuerdos traumáticos y la presión acumulada resultaron abrumadores, recogieron The Athletic y The Washington Post.

Ilia Malinin ejemplifica cómo la presión mental afecta los resultados incluso en deportistas de élite olímpica (REUTERS/Yara Nardi/File Photo)

Bajo este panorama, la presión olímpica representa un fenómeno único que no se observa con la misma intensidad en otros eventos deportivos. Los Juegos Olímpicos concentran la atención mediática mundial y una expectativa social que transforma cualquier error en motivo de escrutinio internacional. Incluso, muchos atletas que se preparan por cuatro años con rigurosos entrenamientos, pueden perder todo el trabajo en pruebas que quizás demandan un día o apenas minutos.

La presión en atletas de Juegos Olímpicos

Para algunos, la presión puede inspirar actuaciones sobresalientes, mientras que para otros se convierte en un obstáculo que paraliza o desvía su desempeño habitual. Mikaela Shiffrin, esquiadora con más victorias en la Copa del Mundo que cualquier otro atleta de su disciplina, atravesó ocho carreras olímpicas sin medalla pese a su dominio en otras competiciones, ilustrando cómo la presión puede minar la confianza incluso de los deportistas más laureados.

La experiencia de Michael Phelps en Río 2016 también ayuda a entender la relevancia de la presión en el alto rendimiento. Ante un imprevisto durante la final de relevos, respondió con una serenidad que parecía innata, aunque su reacción fue resultado de años de preparación mental y práctica deliberada ante posibles contratiempos. Estos ejemplos reflejan que la presión olímpica no solo es real, sino que puede decidir el destino de quienes aspiran a la gloria deportiva, moldeando tanto los triunfos como las caídas más resonantes.

Investigaciones sobre estrés olímpico revelan que la capacidad de adaptación del sistema nervioso influye en el rendimiento bajo presión (AP)

Este fenómeno tiene sustento científico y se fundamenta en mecanismos fisiológicos y psicológicos complejos. Investigadores confirman que la serenidad ante situaciones límite puede ser una habilidad entrenable, más que un simple rasgo de personalidad innato, como detalla National Geographic.

Uno de los marcadores clave identificados es la variabilidad de la frecuencia cardíaca (VFC), que refleja la capacidad del sistema nervioso para adaptarse al estrés y retornar al equilibrio. Un corazón sano no late de forma regular como un metrónomo; su ritmo se ajusta constantemente, acelerándose y desacelerándose en respuesta a las demandas físicas y emocionales. En los atletas, una mayor VFC en reposo se asocia tanto con la capacidad aeróbica como con la agilidad, la coordinación y la calidad del sueño. Esto evidencia que la constancia bajo presión depende de un sistema nervioso flexible y no condicionado ante la amenaza, explica un estudio de 2026.

La neurociencia ha observado que, bajo situaciones de alto riesgo, como las finales olímpicas, el cerebro integra los incentivos con la respuesta motora y puede interpretar la atención pública, el dinero o el estatus como amenazas. Cuando esto ocurre, el sistema nervioso autónomo experimenta alteraciones en la respiración, el ritmo cardíaco y la tensión muscular, afectando el equilibrio fisiológico necesario para un rendimiento óptimo. Vikram Chib, consultado por National Geographic, ha demostrado que las personas muy sensibles a las recompensas tienden a bloquearse con mayor facilidad bajo presión.

Alexandra Trusova, en los Juegos Olímpicos de invierno Bejing 2022, quiebra en llanto al queda en el segundo lugar (REUTERS/Phil Noble)

Por otra parte, la psicología social ha desarrollado marcos teóricos para explicar este fenómeno. Amy Cuddy, citada por The Athletic, utiliza la teoría de aproximación/inhibición del poder de Dacher Keltner para describir cómo los atletas, cuando se sienten evaluados o amenazados, activan un sistema de inhibición conductual. Esta reacción cambia la atención del procesamiento automático al control consciente, interrumpiendo la fluidez de movimientos que distingue a los mejores del mundo. Además, la denominada “cascada hormonal”, donde el cortisol elevado bloquea los efectos dominantes de la testosterona, puede transformar la motivación de buscar la recompensa en una actitud de evitar la pérdida o la humillación pública.

Cómo enfrentan la presión los deportistas olímpicos

Los atletas de élite han desarrollado distintas estrategias para hacer frente a la presión única de los Juegos Olímpicos, combinando técnicas mentales, fisiológicas y conductuales. Un método ampliamente practicado es la visualización, como la historia de Michael Phelps citada por National Geographic: durante años, repasó mentalmente cada posible escenario de carrera, desde la ejecución perfecta hasta las situaciones inesperadas. Esta preparación mental permitió que, cuando surgió un imprevisto, pudiera adaptarse de inmediato y mantener el control, transformando lo que podría haber sido un desastre en una victoria.

Otro recurso clave es el entrenamiento de la interocepción, es decir, la capacidad de percibir las señales internas del cuerpo, como los latidos del corazón o la respiración. Esta percepción ayuda a los atletas a detectar y regular la tensión interna antes de que se convierta en un impedimento para el rendimiento. Las estrategias cognitivas y conductuales, como las intervenciones táctiles sencillas, se utilizan para redirigir la atención hacia sensaciones neutras, estabilizando el circuito interno de retroalimentación.

El apoyo de psicólogos especializados permite a los atletas olímpicos recuperar el enfoque y gestionar la ansiedad de la competición (REUTERS/Aleksandra Szmigiel)

En el ámbito fisiológico, la biorretroalimentación de la variabilidad de la frecuencia cardíaca y los ejercicios de respiración consciente, especialmente la prolongación de la exhalación, se han mostrado eficaces para fortalecer el nervio vago, que regula la calma y la flexibilidad corporal. Amy Cuddy, citada por The Athletic, destaca que estas técnicas no buscan eliminar el estrés, sino mantenerlo en un nivel funcional que impulse el rendimiento en lugar de bloquearlo.

Los atletas también trabajan en recuperar la sensación de control y poder en contextos de alta expectativa. Crear rutinas previas a la competición, centrarse en los aspectos bajo su control y reinterpretar la atención mediática como un desafío en vez de una amenaza son prácticas recomendadas.

Por último, el apoyo psicológico se ha vuelto esencial. Mikaela Shiffrin, según The Washington Post, incorporó la ayuda de una terapeuta especializada en duelo y un psicólogo deportivo a su equipo, lo que contribuyó a que pudiera concentrarse en la ejecución y no en las consecuencias de fallos pasados. Este acompañamiento busca que los deportistas aprendan a reconocer y gestionar los pensamientos recurrentes, facilitando que la mente esté enfocada solo en el presente competitivo.

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